LA APARIENCIA DE JESUS

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La Biblia nunca da alguna descripción física de Cristo. Lo más cercano que podemos ver a una descripción está en Isaías 53:2b, “No hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.” Todo esto nos dice que la apariencia de Jesús era la de cualquier otro hombre – Él tenía una apariencia común. Isaías estaba profetizando aquí, que la venida del Siervo sufriente surgiría en condiciones pobres y no usaría ninguno de los emblemas usuales de la realeza, haciendo Su verdadera identidad visible únicamente para el discernimiento del ojo de la fe.

La mayoría de las imágenes que tenemos de Jesús hoy probablemente no sean fieles. Jesús era un judío, así que es probable que Él tuviera la piel morena, los ojos oscuros y el cabello negro. Esto está muy lejos de la representación del pelo rubio, los ojos azules y la piel blanca en muchas imágenes modernas. Una cosa es segura: si fuera importante para nosotros saber realmente cómo era Él, Mateo, Pedro y Juan, quienes pasaron tres años con Él, ciertamente podrían darnos una descripción precisa, así como lo harían Sus hermanos, Jacobo y Judas. Sin embargo, estos escritores del Nuevo Testamento no ofrecen detalles acerca de Sus atributos físicos.

Definitivamente estoy en total acuerdo, no es importante, no suma ni quita nada. Mas quiero compartir con ustedes un documento con validez histórica que fue descubierto en Roma en el 1914 escrito por Publius Lentutius, el antecesor de Poncio Pilato en su calidad de gobernador de judea. Este documento es una carta que esta dirigida al emperador, el Cesar, y que trata sobre Jesús, Veamos:

Supe,! Oh Cesar! Que tu deseas saber algo respecto al hombre virtuoso que se llama Jesucristo y a quien el pueblo considera como profeta y como Dios y de quien dicen sus discípulos que es el Hijo de Dios, Creador del cielo y de la tierra.

En realidad, ¡Oh, Cesar! Se oyen diariamente cosas maravillosas. Por decirlo brevemente, él hace resucitar a los muertos y sana a los enfermos es hombre de mediana estatura de un aspecto benigno, de grandísima dignidad, lo cual se manifiesta en su rostro, de una manera que, al considerarlo, uno infaliblemente siente la necesidad de amarlo y temerlo.

Su pelo largo hasta las orejas tiene el color de nueces maduras y desde allí cayendo sobre las espaldas es de un color brillante y dorado. En la mitad de la cabeza esta dividido según usan los nazarenos. La frente lisa y la cara sin arrugas, ni manchas. La barba, igual al pelo de la cabeza, en color, esta crespa y, sin ser larga se divide en el medio. La mirada seria posee la virtud de un rayo solar. Nadie le puede mirar fijo en los ojos.

Cuando habla amonestando inspira temor, pero apenas acaba de reprender esta como llorando. A pesar de ser severo, esta muy afable y amable. Se dice que nadie le ha visto reír, pero si llorar. Todos encuentran su conversación afable y agradable. Pocas veces aparece en público, y cuando aparece se le ve muy modesto. El tiene una presentación muy noble. El es hermoso. Por lo demás, su madre es la mujer más hermosa que jamás se ha visto en estas regiones.

¡Oh, Cesar! Si tu deseas verlo como me has escrito una vez, hazme saberlo y te lo enviaré enseguida. El no hizo nunca estudios; no obstante, él sabe todas las ciencias. El anda descalzo y con la cabeza descubierta. Muchos al verlo de lejos se ríen; pero apenas se acercan tiemblan y lo admiran. Dicen que jamás se ha visto en estas tierras un hombre como El.

Los hebreos aseguran que jamás se ha oído una doctrina como la suya. Muchos dicen que El es Dios; otros que el es enemigo de Cesar.

Los malos hebreos le molestan mucho. Pero de Jesús se dice que nunca ha dejado descontento a alguno; más bien su intento es de dejar contentos a todos.

En todo caso, ¡Oh, Cesar!, yo cumpliré cualquier orden que tú me mandes respecto a El.

En Jerusalén, indico (sic) 7 del undécimo mes.

Publius Lentutios.

Gobernador de Judea.